Estaba devastada. Aunque quisiera y lo intentara con todas las fuerzas que aún en ella quedaban, no lograba sobrepasarlo.
Con las lágrimas saliendo a mares por sus azulinos ojos, buscó entre su escritorio un papel y una birome.
No tenía pulso como para escribir prolijamente, pero estaba dispuesta a hacerlo. Debía hacerlo.
Querido Joe:
Sé que a estas alturas es absurdo que escriba una carta destinada a ti. Ya estás lejos, tanto que eres inalcanzable. Pero tengo la esperanza que desde donde te encuentres en este momento, te va a llegar lo que aún siento por ti.
Cada día es una condena. Sufro por tu ausencia. Aunque mi lecho esté ocupado por mí y mi actual pareja, me siento vacía. Tú eras mi complemento, tú me llenabas. Nadie nunca podrá ocupar ese lugar que dejaste… Nunca más seré la que fui cuando me encontraba a tú lado. Fuiste, eres y serás por siempre mi gran amor.
En gran parte siento culpa. Pienso que nunca te di lo suficiente, que nunca te di lo que tú realmente merecías… pero tú me diste todo lo que nadie jamás podrá darme. Me enseñaste a amar, me diste tú amor…
Los días avanzan, el tiempo transcurre lenta y tortuosamente sin ti aquí. Podré fingir estar bien. Podré fingir estar feliz nuevamente y haberlo superado, pero nunca será lo que realmente siento. Con el paso del tiempo me haces cada vez más falta. El hueco, provocado por tu partida, en mi pecho crece con el día a día y mi sufrimiento va aumentando.
Te voy a amar siempre, amor mío. Voy a llevarte conmigo, en mi roto corazón, en mi sangre, en mi mente, en todo lo que es mí ser, hasta el final de mis días, y más allá de ello, también. Siempre va a faltar en mí una pieza que me complete. Sólo voy a estar a gusto cuando llegue ese día en el que me reúna contigo.
Me detesto a mí misma, ya que si no hubiéramos peleado por mí culpa, aún te tendría aquí para iluminar mis grises días. Aún estarías con vida y nada se hubiera vuelto tan horrible y tortuoso como esto que estoy viviendo. Te necesito como al oxígeno que desgraciadamente me veo obligada a respirar día a día.
Mi mente sólo reproduce imágenes, recuerdos de los dos… Momentos felices, los cuales deseo volver a vivir contigo. Daría lo que fuera por revivirlos, pero eso es sólo uno de los tantos sueños que jamás se van a realizar. Lo debo descartar junto con él de que tú nunca regresarás a mi lado.
Te amo como a nadie, amor. Espero que eso lo sepas aunque ya no convivas con nosotros…
Firmó la carta con su nombre y dejó caer la birome de entre su frágil mano. Permitió que las lágrimas brotaran de sus ojos y corran por su mejilla. En parte se sentía mejor, por el motivo que pudo expresar una mínima parte de sus sufrimientos y sentimientos.
—Amor, ¿te encuentras bien? —preguntaron desde el otro lado de la puerta.
Ella se apuró a secarse las casi imparables gotas que salían de sus ojos debido al llanto.
—Si, sólo estoy cambiándome —mintió y corrió a su ropero para vestirse nuevamente, así luego poder ir en encuentro de su novio.
Al abrir estaba él, sonriéndole encantadoramente y al verla, la rodeó con sus brazos. Ella se sentía terrible, culpable. Él le daba amor, pero no sabía que ese sentimiento no era recíproco. Por más que ella lo intentara, no conseguía hacerlo. Todo su ser estaba ocupado por ese alguien que ya no estaba… no podía dejar de amarlo, siempre sería su gran amor.
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Aclaraciones: Éste texto, al igual que Abismo, fueron escritos por mí.
El Joe de este escrito, obviamente no es Joe Jonas. Sólo que su nombre me encanta <3



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